Anécdotas

Una tica despistada en el aeropuerto de Barajas

Historias de aeropuerto

Miraba un día de estos las fotos de mis distintos viajes, repasando cada lugar, recordando el clima, los aromas, los sonidos y por supuesto, todo lo vivido, todas las emociones, ¡todo! Incluyendo las aventuras dentro de cada aeropuerto.

Lo bonito de ser uno distraído es el montón de aventuras que le pasan. Algunas de ellas ya las conocen y si no, pues con toda confianza pueden leerlas en la sección de Anécdotas. ¡Se van a reír bastante y espero que con ésta también!

Regresaba yo de mis vacaciones en las “uropas” y hacía escala en el aeropuerto de Barajas, en Madrid. Unas semanas atrás también hice escala ahí y fue una experiencia agridulce, así que andaba medio quisquillosa y por si fuera poco durante ese viaje tuve varias, llamémosle “situaciones jocosas”.

Al revisar mi tiquete, vi que decía Salida 4, pero mi genial mente computó Puerta 4 así que me limité a caminar tranquila, ventanear un poco, comprar alguna cosilla porque de por sí ya estaba a 100 metros de la puerta de salida y tenía hora y media de escala, así que me relajé.

Cuando llegué a abordar a la Puerta 4, la susodicha decía: Destino Miami. ¡Me lleva la madre foca! Vuelvo a ver mi tiquete y sí, decía Salida 4… Yo estaba efectivamente en la salida 4, solo que ahí mi mente sí reaccionó como se debe y noté que decía “Por favor, verifique el número de puerta”. No es la gran cosa, es cuestión de fijarse o preguntar por la puerta de abordaje y ya… ¡SI TAN SOLO NO FALTARAN MENOS DE 20 MINUTOS PARA ABORDAR!!!

¡Ahí empezó la diversión! Me acerco a la primera pantalla que veo y decía que el vuelo con destino a SJO CR es en la Puerta 28 ¡¡¡y yo en la 4 con la famosa Maleta Roja y mi salveque al hombro!!!

¡¡Paréntesis!! Les dejo aquí abajo el enlace de La Maleta Roja por si no lo habían leído antes:

La Maleta Roja
La Maleta Roja

Chiquillas y chiquillos… ¡vieran la carrera que me pegué! Crucé, sin jeta, algo así como el Juan Santamaría de lado a lado como tres veces; hice un alto para preguntar dónde quedaba la puerta 28, para que me dijera la muchacha que estaba dando la vuelta, pero una vuelta Guanacasteca (estaba en la 26, me faltaban 2). Seguía corriendo con los anteojos y bolsitas con carajadas que había comprado en una mano, jalando la maleta con la otra, empapada en sudor, y los trapos que traía puestos hechos un desmadre. Di la vuelta donde medio vi que dijo la muchacha y en eso escuché que decían “Vuelo con destino a San José, Costa Rica… ¡Última llamada!”

¿Será que sí lo logro? Y si no, ¿ de dónde saco la plata para comprar otro boleto? Corrí con el poco aire que me quedaba y llegué justo detrás del último pasajero que estaba abordando. El muchacho me dejó pasar de primero, la aeromoza me recibe el tiquete y por fin pude respirar y tener paz.

Al llegar a mi asiento, dejo las cosas y me voy al baño para refrescarme y al verme en el espejo… La ropa hecha un desastre, la cara rojitica, toda yo empapada en una mezcla de sudores de cardio, congoja y susto y por si fuera poco ¡EL PELO! ¿Cómo hace uno para describir semejante… sensualidad?

Bueno… Al final de cuentas logré llegar a casa sana y salva y como dicen por ahí: total nadie me conocía en ese vuelo.

Yo sé que no soy la única que ha tenido experiencias así y la verdad, me encantaría que me contaran las suyas; eso sí, que sean para reírnos todos de nosotros mismos. ¿Se animan a compartir sus historias de aeropuerto?

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