Anécdotas

El día que me enamoré de una ciudad: Salzburgo

Europa Nov 2017

Eran las 6:48 de la tarde cuando el tren partía de Múnich con destino a Salzburgo. Estaba cansada pero había logrado, aunque a medias, otra meta propuesta para mi viaje: visitar el castillo del Rey Loco, Neuschwanstein, inspiración para Walt Disney. El recorrido era de 2 horas y a pesar del cansancio, no cabía de la contentera. No pude entrar al castillo, ni contemplarlo desde el puente de María, pero jugar con nieve fue lo más maravilloso que me había pasado hasta el momento. Ahí sí valía la pena el (h…) frío que hacía.

CopyRight Tica pata'e perro
Castillo Neuschwanstein

Repasé cada imagen todo el viaje. ¡No podía creer lo suertuda que había sido! ¡No estaba nevando en ningún otro lado!

Por fin llego a mi destino a las 8:42pm como estaba programado y bueno, como ya era costumbre la mía perderme en cada ciudad (eso es digno de contar en otra entrada) decidí que era muy tarde para caminar hasta el hostal y agarré un taxi.

Resulta que el chofer era chino, y tras de eso no hablaba casi nada de inglés, mucho menos español. Aunque era de noche, el recorrido me pareció fascinante, hasta que noto que empezamos a subir una montaña (empiezo a asustarme un poco). Mi mente trataba de mantener la calma y al mismo tiempo una conversación con el taxista. Trataba de pensar qué podría hacer en caso de una «emergencia», pero llegando a un punto, me dice el que no sabe para donde es, si a la derecha o a la izquierda (¡me lleva puta!) Se le prende el bombillo y pone el GPS y le indica que era a la derecha, tons el mae sigue, pero ya mi cara dejaba notar el taco que me traía. Unos cuantos metros más adelante se detiene en medio de la nada y me dice que no puede seguir y me señala un letrero que decía que los carros no pueden pasar (le creí porque tenía un carro con una linea encima de no pasar).

Le pago, saco mi maleta, me echo al hombro el salveque y ahora sí mi’ja, vuele pata, no sé para dónde ¡¡pero póngale!! En esa fracción de segundo pasó por mi mente que me iría muy bien si me salía un lobo o un oso, al menos ellos atacarían por instinto.

Avanzo 50 metros y resulta que tengo que pasar por un puentecito medio oscuro (¿mencioné que estaba asustada?) Al llegar al otro lado, sigo el camino tan rápido como podía y me encuentro con otra intersección: ¿Derecha o Izquierda? ¡Me está jodiendo! Estaba helando y no tenía ganas de perderme de nuevo, ni ganas de hacer de tin marín de do pingué y escoger el camino equivocado (insisto, de nuevo).

El puentecito después de cruzarlo.

A unos cuantos metros logro ver otro letrero con el nombre del hostal donde iba a hospedarme, indicando que estaba a poco más de 100 metros. Al llegar al lugar, juré que entré por la parte trasera porque no había nada parecido a una recepción, pero eso no era todo… ¡La puerta estaba cerrada! ¡¡CERRADAAAAA!!

Estuve de pie frente a la puerta preguntándome qué carajos iba a hacer; no iba a morir atacada por lobos ni osos, pero sí de frío. De repente escucho risas, así que por instinto abrí la puerta y para mi sorpresa, habían varias personas en el comedor del local; todas voltearon a verme al mismo tiempo y yo solo «acaté» a decir «Hallo!» (es todo el alemán que sé… ah bueno, y Du.. du hast..). Todos respondieron al saludo y continuaron con lo suyo al tiempo que el encargado se acercaba, que para ese momento el alivio que sentía era indescriptible.

Subí a mi habitación, me presenté con mis compañeros de cuarto, ambos alemanes y contemporáneos los 3. Les conté la experiencia que tuve minutos atrás y uno de ellos me respondió «Mañana, ya descansada, vas a ver todo muy distinto». ¡Y así fue!

Al día siguiente, cuando nos despertamos, Elke, mi «roomie» y nueva amiga me dijo que abriera la ventana. ¡Quedé con la boca abierta! No sé qué tan frío estaba allá afuera, solo sé que mi corazón empezó a latir más rápido de lo normal y por primera vez en mucho tiempo, sentí maripositas en el estómago.

 

Salzburgo: Amor a primera vista, descripción gráfica
Salzburgo: Amor a primera vista, descripción gráfica

Estas son solamente dos de las fotos que tengo de Salzburgo; el resto las voy a compartir en mi galería muy pronto 🙂

 

Una mirada a Salzburgo desde la ventana del hostal
Una mirada a Salzburgo desde la ventana del hostal

¡Me enamoré de Salzburgo y fue amor a primera vista!

¡Se me olvidó el susto de la noche anterior!

¡Se me olvidó que solo estaría una noche más ahí!

¡Pero le prometí que volveré!

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